El Peligro

El Peligro, sálvese quien pueda

Por redacción de Mirada Crítica

“Hay una ausencia increíble del municipio”. “Los reclamos que llevamos al Concejo Deliberante nunca fueron respondidos”. “Ni la anterior gestión ni ésta se preocuparon por darnos una mano”. “Ante una tormenta, no recibimos ningún tipo de ayuda”. Voces y reclamos. Reclamos y voces. Una presencia limitada del estado, y un territorio agreste sometido al olvido.

El Peligro pertenece a la localidad de La Plata, aunque no se lo reconozca como parte del Municipio. Se encuentra ubicado a la altura del kilómetro 45 de la ruta 2, al límite con Berazategui (al cual erróneamente se cree que pertenece), pero también se puede entrar por la ruta provincial 36. Fue fundado en el año 1874, ocho años antes de la fundación de La Plata.

Es una zona rural donde la actividad económica principal está vinculada a la producción y comercialización de productos relacionados a la floricultura, fruticultura, horticultura y avicultura. Los habitantes en su mayoría son comunidades bolivianas, portuguesas y japonesas que se dedican al trabajo de campo.

El suministro eléctrico está a cargo de EDELAP; del servicio telefónico, Internet y suministro de gas se encarga la Cooperativa Tres Límites con sede en El Pato, Berazategui. No hay servicio de agua corriente. El servicio de telefonía móvil está disponible a través de cuatro operadores: Movistar, Claro, Personal y Nextel S.A.

La salud se concentra en el centro municipal Nº24. También cuenta con un destacamento policial que depende de la comisaría N°7 de Abasto y hay una sociedad de fomento llamada Río de la Plata. 

Sin embargo, de El Peligro no se tiene información actualizada desde el año 2001, cuando se realizó allí el último censo.  Desde entonces, se cree que la población aumentó de 1800 habitantes a 10.000 aproximadamente. Conjeturas y datos no certeros. Lo que sí puede visibilizarse es que muy pocas calles están asfaltadas, y que las que lo están se encuentran en mal estado. Ante cada intemperie temporal,  las calles de tierra quedan destruidas por la circulación de camiones los días posteriores.

El hecho de que muchas calles no sean transitables dificulta la entrada y salida de vehículos, lo que afecta directamente el sistema productivo. Ante esto, los vecinos junto con las organizaciones sociales se encargan de acondicionar las calles para que sean transitables. Desde el Palacio Municipal, no existen respuestas ante estos inconvenientes.

Como tampoco ante la falta de obras hidráulicas que impidan inundaciones, luminarias, tendidos eléctricos, nomencladores en las calles, insumos para salitas de salud, ausencia de semáforos y puentes peatonales para resguardar del tránsito de la ruta 36 a los nenes y  nenas que van a la escuela. Los vecinos de la localidad, con resignación, repiten hasta el hartazgo que están acostumbrados a la desidia.

Uno de los principales problemas que tenemos son la falta de obras hídricas. Fueron varias las ocasiones en las que se han inundado las casas, dejando a las familias en la calle, y no hubo respuesta del Municipio ni de Provincia, no hubo ningún tipo de inversión, obra ni nada por el estilo, está todo muy abandonado”, aseguró Trifona, miembro de la Asociación de Medieros y Afines (ASOMA), y vecina de la localidad.

Otros reclamos de insistencia en la zona son una mayor frecuencia de los colectivos Oeste, apertura y arreglo de las calles. El año pasado hubo un descontento por parte de los vecinos cuando el Municipio acercó cuatro proyectos y el más votado fue el de instalación de cámaras de seguridad y luminarias cercanas a las escuelas, por sobre las otras tres propuestas que consistían en el mejorado de calles, cada una aplicada a un fragmento de la localidad y dejando de lado las restantes. 

Ante este evento, Leandro Sousa, uno de los vecinos, afirmó en Diario Contexto que “pedimos un proyecto amplio que logre cubrir a todos los barrios de El Peligro”.

Productores,¿unidos?

Sí uno accede a El Peligro, atraviesa una de sus calles  (la 410), y la recorre hasta el fondo, encuentra la granja El Deseo. En una zona dedicada a la floricultura, el supuesto de que los productores se conocen entre sí y, yendo aún más a fondo, se ayudan en todo lo que pueden están latente.

Ese mito cayó en apenas unos segundos cuando al consultar en El Deseo por la granja El Capricho, su dueño afirma a secas no conocer el espacio mencionado ni a su dueño, y recomienda a los foráneos saber lo menos posible sobre el lugar. 

El Capricho, una de las tantas granjas de la región, pertenece a Carlos Ledesma, que mantiene un esquema familiar de trabajo: un sólo empleado, y sus parientes colaborando en diferentes áreas.

Este trabajo es muy esclavo. Acá no existen las vacaciones de invierno, ni de verano, ni los domingos, ni los feriados”, afirmó Carlos con la mirada cabizbaja. 

Por lo general, Carlos compra las gallinas en Azul cuando tienen entre 18 y 19 semanas. Estas comienzan a dar “buenos” huevos a las 21 semanas. La vida útil de estas es de 1 año, luego viene la etapa del replume, y produce entre 4 y 6 meses más. Cuando deja de ser productiva, las gallinas blancas se venden a frigoríficos, más puntualmente a Granja Tres Arroyos. En cuanto a las gallinas coloradas, se venden de manera informal a vecinos de la zona ya que poseen un mayor peso que las blancas, lo que hace que los frigoríficos no se interesen en ellas.

La problemática principal, señaló Carlos, es el malestar que ocasiona el rédito económico que saca el comerciante al público en relación a la ganancia que obtiene el productor. “Hay veces que el comerciante está ganando 100%, y eso está mal. En verdad el que debería ganar es el productor”. En caso de ser así, sostuvo, fomentaría el crecimiento económico y posibilitaría la ampliación laboral dentro del área de producción.

Sobre una organización que nuclee a todos los productores de huevos en tiempos de fuertes ajustes económicos, Ledesma negó que exista una especial unión entre los comerciantes: “Existe una llamada Apasur. Pero no estamos todos ahí, solo aquellos que tienen grandes empresas, grandes producciones, que tienen miles y miles de gallinas. Además en este rubro no es que tiramos todos para el mismo lado y hay compañerismo, no somos colegas, sino que es todo competencia. Si nosotros nos pusieramos de acuerdo entre todos los productores de huevo y fijáramos un precio al cajón de huevos todos ganaríamos lo mismo. Acá es sálvese quien puede”.



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