Opinión

Verde y celeste: la Nueva Grieta

Por Valeria Cornara*

Dos escenarios contrastados: por un lado, cientos de mujeres con pañuelos y brillantinas verdes humedecidas, no solo por la lluvia, sino por las lágrimas de enojo y tristeza que inundaban los alrededores del congreso y se fundían en cada abrazo. Por el otro, el festejo y la sacudida de los pañuelos azules a lo alto, y un ruidoso “Vamos todavía” que nos lleva a realizarnos dos preguntas: ¿Qué se celebra? Y, ahora, ¿cómo se sigue?

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La gestión de Mauricio Macri pudo haber sido recordada como aquella que aprobó una ley histórica: la legalización del aborto. Lejos de serlo, tras la sanción negativa del Senado la pasada madrugada del jueves, parece que los argentinos recordarán a este Presidente solo por su ecuación constante de crisis económica: tarifazos, aumentos y desempleo.

Con 31 votos afirmativos, 38 en contra y dos abstenciones, el tema quedó fuera de discusión hasta el año próximo. Como era de esperar, los sectores “pro aborto” exigen respuestas y reclaman, tanto a los funcionarios como a los opositores de la despenalización de la ley, medidas para solventar el vacío donde se encuentran estancadas miles de mujeres que, ante la falta de opciones, seguirán recayendo en la decisión de someterse a un aborto clandestino, la actual principal causa de muerte materna.

Resta preguntarse cómo quedó el tablero y cuál es el plan del gobierno después del rechazo de la ley. De lo que podemos estar seguros es que se ha logrado instalar el debate en toda la opinión pública, y que la sociedad, ahora más consciente y atenta, no pasará por alto el resultado de este asunto. Por el momento, la discusión será retomada antes de lo que marcan los tiempos parlamentarios, ya que el gobierno incluirá la despenalización en la reforma del Código Penal. Desde la Casa Rosada consideran que esta medida ayudará a mediar un poco más entre ambos polos, situándolos, de paso, en una posición más conveniente y reconciliadora.

El Ministro de Justicia, Germán Garavano, explicó esta semana que lo que se evalúa en el tratamiento de la reforma del nuevo Código Penal es dar un paso adelante y quitar el castigo penal para las mujeres. La misma será realizada el próximo 21 de agosto, y estará a cargo de un equipo de expertos encabezados por el camarista Mariano Borinsky.

De aplicarse este cambio, la mujer que se realice un aborto no iría presa. Es decir, se despenalizaría la interrupción voluntaria del embarazo, pero sin legalizarla. La discusión será entonces quién deberá avalarlo, un juez u otro ente capacitado, siendo que, por el momento, queda depositado en el criterio de cada magistrado. La asistencia médica garantizada por parte del Estado quedaría limitada a los casos de violación y riesgo de vida de la mujer. Este aspecto será clave para dejar mejor posicionado a Cambiemos de cara a la campaña por las elecciones en 2019.

Mientras tanto, la negativa al proyecto de Ley en el Senado de la Nación ya ha comenzado a sacudir al resto de Latinoamérica, una región en la que la Iglesia Católica ha perdido influencia y autoridad moral por la secularización, una avanzada desconexión con la realidad de su tiempo y una avalancha de escándalos de abusos sexuales por parte de sus miembros. En consecuencia, en el último período la “marea verde” feminista junto con las presiones internacionales han ido en aumento, conformando una voz imposible de ignorar tanto para Mauricio Macri como para el resto de la clase política argentina.

El Presidente y su equipo son conscientes de que su política económica no atraerá nuevos votos, e incluso les ha costado perder otros tantos. Sumado a esto, el repetido discurso de mostrar a la gestión anterior como chivo expiatorio responsable de los malos resultados obtenidos en la actual ha caducado. Estos argumentos ya no resultan rentables ni suficientes, y sus consecuencias se reflejan en el desalentador nivel de aprobación que arrojan las encuestas, situación que debe revertir en el corto plazo si desea la reelección en el 2019.

Macri se encuentra entre la espada y la pared, en medio de las contradicciones de su propia ideología y creencias, y el reclamo de un sector al que no puede dar la espalda. La posición que termine de modelar frente a la polémica sobre la ley del aborto podrá volverse un fuerte que le dé un nuevo impulso a la gestión, u otro palo en la rueda. Las especulaciones van desde el efecto neutro hasta cierto impacto negativo o la pérdida de capitalizar una ley histórica. La conjunción de estos aspectos decantan que actualmente Cambiemos se encuentra políticamente debilitado para enfrentar el año de campaña que tiene por delante.

Desde el inicio, el gobierno tuvo como desafío solventar la brecha que en los últimos diez años dividió en polos aparentemente irreconciliables a los argentinos. Lejos de lograrlo, el polémico e histórico debate y la resolución insatisfactoria para una gran mayoría, volvió a convertir al país en un Boca-River. A la latente grieta política se le suma otra, esta vez social, teñida de verde y celeste. La clave estará en cómo se va a parar la Justicia frente a la ejecución de lo clandestino, a lo que ya nadie puede hacer oídos sordos. Pero de algo podemos estar seguros: los abortos continuarán en la clandestinidad al menos hasta marzo del año que viene.

*Periodista en la Universidad Nacional de La Matanza.

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