Opinión

Mauricio Macri, el Príncipe Posmoderno

Por José Queruza. Lic. en Ciencia Política. Docente en la UBA. 

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Notas sobre Maquiavelo sobre la política, el gobierno y el Estado en tiempos del crecimiento invisible

 

Mauricio Macri, el Príncipe Posmoderno

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En tiempos donde el discurso político se muestra liviano, superficial y digerible, paradójicamente, la divulgación filosófica, nunca estuvo tan extendida. Desde aquellos programas de José Pablo Feinmann y Darío Sztajnszrajber, en el canal Encuentro, pasando por la más reciente “Merlí”, una serie española de la plataforma Netflix, pensada en un principio para el público adolescente, pero que logró concitar cierto interés en personas de generaciones distintas, sumado a los libros de José Natanson o Duran Barba, dan como resultado un panorama del atractivo que tiene en algunos sectores la filosofía política.

Nuestro acercamiento no apunta a las preguntas básicas de la filosofía como existencia, la creación y las esencias, se encuadra más en el pensamiento filosófico-político, va a puntos más concretos y mundanos, del ahora y el hacer, más que del deber. Una mirada de la filosofía, como una cosa más cercana, que resulta necesaria para comprender el desarrollo actual de la política.

¿Por qué Macri? ¿Sigue existiendo la derecha y la izquierda? ¿Cómo es la política del siglo XXI? Estos son los temas que recorren los debates televisivos, le provocan insomnio a los intelectuales y llenan las páginas de los libros del variopinto escenario político, desde José Natanson a Duran Barba, solo por nombrar algunos de los autores que parecen ineludibles en estas horas, y que repasan en sus obras, viejos y nuevos preceptos a la hora de fundamentar, criticar o buscar argumentaciones y nuevas ideas que presenten posibles respuestas a los complejos escenarios políticos actuales.

Haciendo una lectura rápida y transversal de la obra uno de los padres fundadores de la Ciencia Política, Nicolas Maquiavelo (1469 – 1527), describe en “El príncipe”,  la mejor forma de conquista, ejercicio y mantención del poder de un jefe de Estado con poder absoluto. En ese texto, publicado en Roma en 1531 póstumamente, el florentino realiza algo impensado para la época, o mejor dicho algo muy de época, como fue el Renacimiento italiano, que fue un verdadero florecimiento de las ciencias y las artes poniendo en el centro al Hombre pero que también tuvo grandes detractores como el jesuita español Claudio Clemente que acuño el término “maquiavélico” en su “El maquiavelismo degollado”  publicado en 1636, y que le costará de Galileo, con quien se sabe compartió largas conversaciones,  entre otras cosas tiempos de persecución y en el caso de este último la “abjuración” sobre sus teorías heliocéntricas.

A Maquiavelo lo obsesionaba la unidad y la independencia de Italia, que debía encolumnarse bajo el liderazgo de un caudillo que superara las divisiones internas y frenara las incursiones de enemigos externos, y que veía en el Vaticano y en la Iglesia Católica un freno para la unidad. Uno de los puntos centrales de su pensamiento político es la separación de la política de la moral. Al llegar a afirmar semejante idea, también ponía en discusión la autoridad del Papa romano en decidir en las guerras territoriales y sobre la ya  esa altura cuestionado la “razón divina” para justificar apoyos a unos sobre otros y la siempre preocupante amenaza de excomunión.

Esos ecos del poder Papal aún gravitan en la escena política de occidente.  Durán Barba y su Príncipe Posmoderno, Mauricio Macri, bien saben del poder simbólico que guarda el guardián de las llaves de San Pedro. No es nueva esa tensión entre un gobierno que necesita un Estado secular como tampoco cuando los gobiernos se vuelcan a posicionamientos más proclives a seguir los dogmas y mandatos clericales. En la Argentina, casos no faltan desde la presidencia de Julio A. Roca que cortara relaciones con el Vaticano hasta Juan Perón que fuera derrocado con el beneplácito de las cúpulas católicas locales.

 

Guerra contra el Papa

El Príncipe Posmoderno, siguiendo a Maquiavelo o a Duran Barba, mejor dicho, “no está preso de sus palabras” ni de sus promesas de campaña. Así, Macri mantiene una guerra de baja intensidad con el Papa Francisco que está totalmente alejada de arrepentimientos, pesares personales o dogmas no compartidos. Alejado totalmente de sus promesas electorales, ha optado por un modelo completamente opuesto al que promueve el Papa, borrando con el codo aquella imagen que se figuraban aquellos que caceroleaban llenando las plazas contra el gobierno de Cristina luego de aquel 2008, durante el conflicto con el campo por la Resolución N° 125 hace 10 años, y que veían en el pontífice un aliado imprescindible. Muchos de los que festejaron la “fumata bianca” cuando Francisco fue elegido, hoy no lo pueden ni ver, y viceversa, muchos kirchneristas, que veían en Bergoglio un duro opositor, hoy no dejan de repartir estampitas entre los amigos.

Esta guerra contra el papado, ha llevado a Durán Barba a aprovechar el desconcierto para poner en agenda un tema tan sensible como es el aborto legal y gratuito, y con eso, evitar que Francisco le marque la cancha, sindical y con los movimientos sociales, en la política Nacional. Algo así como, si el Papa no me quiere, hago lo que sea para alejarlo más y hago lo que quiero, una constante en la vida del hijo del condottiero de la patria contratista.

Con la hegemonía total sobre los medios de comunicación y una cada vez más compleja situación económica, las campañas de agitación mediático sobre temas sensibles van rotando semana a semana: el arancelamiento universitario, el cobro de la educación y de los servicios a los inmigrantes, la justificación del gatillo fácil y la baja de imputabilidad para los menores que cometen delitos, el aborto, la legalización de la marihuana, etc, todas cortinas de humo que sumen al periodismo y a los comunicadores sociales en maratónicos y confusos debates inaplicables por carecer de rigor constitucional y poder parlamentario para llevar esos cambios adelante. Por otro lado, valga decir que tampoco se encuentran dispuestos que se establezcan debates serios con consultas populares o plebiscitos para resolver temas tan serios, que son banalizados, cayendo en la vorágine de una ensalada televisiva.

Durán Barba sabe que debe mantener unido su electorado y cohesionado sobre el discurso que lo llevó al triunfo en Octubre pasado. Pero el discurso que debe mantener no es el de la campaña. Él sabe que con este ruido mediático nadie escucha nada, el discurso que le interesa es el de los votantes, lo que dicen sus votantes y por eso este fin de semana ya largó Cambiemos la temporada de “timbreo”, de ahí obtienen los datos que filtrados y triturados por la consultora de Duran Barba. Si los consultados entre mates, sonrisas y selfis, querían “seguridad”, la devolución de los técnicos y sociólogos de Cambiemos le va a agregar impunidad a las fuerzas de seguridad para matar. Si al electorado le cae mal Baradel y otros jefes sindicales, los va a desprestigiar públicamente en los medios y hacer todo para restarles poder y disciplinarlos a través de operaciones judiciales.

 

Surgimiento y tradición. Divide y reinarás

Pero, ¿De dónde surge Macri y su liderazgo? ¿Cómo logró Macri reponerse de su mala imagen, criticado duramente por quienes hoy son sus más férreos defensores y comparten el mismo espacio político?

Macri es hijo de la farandulización menemista de la política en los 90 que llevó a Palito Ortega y a Scioli a la política. El camino de Macri fue más largo, primero fue la presidencia de Boca y finalmente con la crisis de presentación política del 2001, el PRO encontró el momento justo para hacerse del poder cuando fue la tragedia de Cromañon. En aquella oportunidad,  el PJ porteño votó con el macrismo la destitución de Aníbal Ibarra. Luego algunos de esos peronistas porteños pasaron a engrosar las filas del PRO. El kirchnerismo también fue siempre contra Ibarra, La Campora, nunca entendió lo valioso que podía ser tener un espacio progresista dentro de un armado peronista en un terreno tan difícil como la Ciudad de Buenos Aires. El mejor candidato, que podía tener el kirchnerismo de entonces, no era Filmus sino Ibarra, que tenía una construcción real y una extensa experiencia de gestión. Pero, pensaron que podían suplantarlo rápidamente, y desde entonces el mapa de la capital se pinta de amarillo elección tras elección. Así, Macri es hijo del menemismo, el PRO de la crisis del 2001 y CAMBIEMOS de la Resolución Ministerial N°125 del 2008.

El oportunismo y la férrea decisión de hacerse del poder político siempre acompañó a Macri, tanto es su veta de empresario de la Patria Contratista, que creció haciendo negocios con el Estado, como en el ejercicio de los ejecutivos siempre miró hacia arriba viendo el siguiente escalon y pisando seguro se dispuso a trascurrir todo el recorrido hasta la Casa Rosada, pero con la naturalidad de quien se siente nacido para mandar. Su discurso está cargado del contenido imperativo del patrón de estancia, esa mezcla de queja y orden, tan conocido por cualquier habitante de nuestra pampa húmeda y de los cordones fabriles del Gran Buenos Aires. Expresiones como: ¿¡Cómo puede ser! que haya tantas universidades!? ¿¡Qué es eso! que vengan de otros países a nuestros hospitales y no paguen nada? , son parte de una manera casi impune de tocar los temas de extrema sensibilidad social y política, que un político debe rozar siempre y buscar la forma para no caer en la incorrección, no mellar la apariencia de lo que habitualmente conocemos como lo “políticamente correcto”. Esa incorrección discursiva, sin embargo, no resulta transgresora porque está cimentada en el inconsciente y el sentido común de las relaciones de poder y en las jerarquías laborales. Es la base de un relato conservador metido, en lo que el filósofo Tomas Abraham, denominaría el “genoma” político nacional.

Por eso luego de legitimar su gestión con las elecciones de medio tiempo del año pasado, Macri puede y debe mantener el prestigio del gobierno. Esto exige del despliegue de la fuerza, prescindir de limitaciones éticas antes establecidas por valores democráticos inculcados por la lucha de los organismos de Derechos Humanos y acusarlos de corrupción, ridiculizados con argumentos de un sentido común chabacano, machista, xenófobo, represivo y anticonstitucional. Siempre con un modo que revuelve las tripas a los sectores intelectualizados y culturales, pero que resuenan familiares en una gran parte de la población.

“Divide et impera”, Divide y reinarás, es otro de las máximas maquiavelianas que hizo suya Macri con el suficiente éxito como para poder divisar un segundo gobierno en el 2019 sin que el segundo semestre anunciado apareciera jamás. Partir y cooptar sectores del radicalismo, del progresismo, la CGT, el PJ, la UIA, los sectores agrarios, los gobernadores y los intendentes estuvo en la mente de Duran Barba desde el minuto que Macri se calzó la banda presidencial.

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