Opinión

Ciencia y Tecnología, ¿sólo palabras bonitas?

Por Nahuel Alexis Durante

“(…) mejorando la educación pública y profundizando las políticas de ciencia y tecnología nos iremos acercando más a una sociedad del conocimiento. El futuro de nuestro país pasa por ese valor agregado que podemos generar a partir de la investigación, el desarrollo y la transferencia tecnológica, la creatividad, el pensamiento y la innovación. Pero tenemos que asegurarnos de que todos los argentinos puedan ser parte de esta realidad”. “La ciencia, la tecnología y la innovación son clave para el crecimiento. Vamos a fomentar la inversión pública y privada en investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación productiva.” Estas palabras corresponden a dos discursos, el primero de 2016 y el segundo de 2017. Quién los pronunció fue el Presidente Argentino en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. El 1 de Marzo de este año le tocará nuevamente abrir las sesiones mediante un discurso en el cual le informe al Congreso cuáles son los principales ejes de Gobierno para el 2018. Veremos si decide continuar por la línea del impulso a la ciencia y tecnología.

Aunque para el plano discursivo sobre este asunto tengamos que esperar hasta el inicio del año legislativo, en los hechos ya pudimos comprobar, en enero de este año, que el Gobierno ha decidido continuar con la visión sobre ciencia y tecnología que adoptó a partir de la asunción de Mauricio Macri. El sitio “presupuestoabierto.gob.ar”, que depende del Ministerio de Hacienda de la Nación (ex Ministerio de Economía), nos permite acceder a información sobre el Presupuesto Nacional. En 2015 la partida destinada para la Ciencia y Tecnología fue de 1,49% del Presupuesto. En 2016, 1,33%. 2017 repitió la partida, con 1,34%, y 2018 contará con 1,23% destinado a esta área. Estos datos nos permiten darnos cuenta del cambio de concepción respecto a la necesidad de invertir (o gastar, según quién lo considere) en ciencia y tecnología, siendo que este año la partida presupuestaria es la menor de, por lo menos, los últimos cinco años. Además, en 2015 se ejecutó el 94% del presupuesto destinado a la Ciencia y Tecnología, en 2016 91,81% y 86,88% para el 2017. No solo se destina, progresivamente, menos dinero, sino que se sub-ejecuta cada vez más el menor presupuesto asignado.

Con estos datos en la mano, es posible entender por qué en Septiembre de 2017 cerca de 500 investigadores del Conicet se encontraron con la anulación de su contrato de trabajo con el organismo. Por su parte, también se redujo a cerca de la mitad la cantidad de vacantes y becas de quiénes se postulan para ingresar a la carrera de investigador científico/a. De las casi 1000 personas que ingresaron en 2015, en 2017 y 2018 el organismo tomó sólo a cerca de 500 postulantes. El panorama en la institución científica emblema para América Latina no es alentador.

Tampoco debemos olvidar la postergación de Arsat-3, el satélite que comenzó a diseñar el Gobierno de Cristina Kirchner y que debía construirse y lanzarse al espacio durante el Gobierno de su sucesor. Sin embargo, el proyecto se encuentra paralizado ya que, como dijo Rodrigo de Loredo (ex – nuevo director de Arsat, ya que debió renunciar el 29 de enero por ser yerno de Oscar Aguad, ministro de comunicaciones), los 250 millones de dólares necesarios no serán aportados por el tesoro nacional, con lo cual se están buscando alternativas de financiación privada, siendo la estadounidense Hughes la principal interesada, aunque exige para invertir en el proyecto, que el 51% del satélite quede en manos estadounidenses.

Por último, tenemos el caso del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que hace pocos días sufrió un duro ajuste en su número de empleados, perdiendo 254 trabajadores que fueron despedidos. El INTI se encarga de controlar la calidad de miles de productos industriales, y además invertir y potenciar el desarrollo tecnológico y la innovación en las Pymes Industriales Argentinas. Durante el primer mes de este año, además de los despidos, el Gobierno decidió que muchos de los controles realizados por este organismo (el único estatal en su clase) puedan ser realizados por laboratorios privados, y cerró la oficina del INTI en Río Negro.

De esta manera, es posible entender por qué en 2018 (en base a datos de 2017), Argentina no calificó en el ranking de los 50 países más innovadores del mundo por primera vez luego de varios años. El ranking es desarrollado por la Agencia Bloomberg junto al Banco Mundial, el FMI, la OCDE y diversas oficinas de Naciones Unidas.

En síntesis, el plano discursivo Oficial respecto a la necesidad de insertarse en el Mundo de la mano de la innovación tecnológica es muy claro, se alienta constantemente la idea de convertir a Argentina en un polo de referencia científica para la región. Sin embargo, los hechos nos demuestran que, a la hora de repartir los recursos, el área no parece ser una de las principales prioridades para el Gobierno.

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