Opinión

Selfie

Por José Queruza. Lic. en Ciencias Políticas. Docente de la UBA.

querusa

 “Selfie” (del inglés: autorretrato)

Selfie con el candidato. Selfie con el vecino. Selfie en la inauguración de la red cloacal. Selfie con el Presidente. Selfie en los carteles publicitarios electorales, selfie en el campo inundado. Selfie votando. Selfie con globos cayendo festejando la victoria electoral. Selfie con un cartel que pregunta dónde está Maldonado.

Finalmente se confirmó lo que nos veníamos preguntando en columnas pasadas. El bombardeo mediático del discurso moralista sobre la corrupción kirchnerista, acompañado por una catarata de inusitados encarcelamientos express de funcionarios K, lograron lo que muchísimos alquimistas políticos buscaron sin éxito: ganarle al peronismo bonaerense y consolidar una fuerte y compleja amalgama que llevara a arrasar el mapa electoral Nacional.

Escrutar los textos y la sonrisa de Mona Lisa de Duran Barba, no es suficiente para comprender cómo Cambiemos hizo para lograr ese ansiado efecto, que es necesario para conseguir gobernabilidad, confianza electoral y una proyección que les permite soñar con un segundo período de gobierno en 2019.

Debajo de esa montaña de votos amarillo yace el concepto clave que define el momento y le da continuidad al macrismo: “esperanza”. Esperanza que expresan los votantes en la gestión MacriVidalCarrió con un tono más parecido a una súplica y ruego que a una convicción real y dogmática.

Macri logra así repetir y mejorar la performance de 2015, y nacionaliza un partido que nació como un experimento al que muchos le veíamos problemas graves para dejar de ser una expresión vecinalista porteña de corta vida, con dificultades para poder vertebrar un discurso convincente y un armado nacional.

Este fue el gran aporte que realizó la UCR. Le abrieron la cancha del interior provincial conformando Cambiemos, y cediendo la estructura centenaria a la espera de retomar viejas gallardías y luminosos días de victoria.

Sin embargo, lejos están de eso los boinas blancas al escuchar los lamentos de muchos dirigentes y militantes del radicalismo. Perciben que lo que veían como una alianza gentil y virtuosa se ha ido convirtiendo en una sodomización permanente de parte del PRO hacía los armados provinciales de Cambiemos y un desdén explícito para ocupar cargos en el manejo del aparato estatal, como es el caso del chaqueño Ángel Rozas, que renunció a fines de septiembre a la presidencia del interbloque Cambiemos del Senado, molesto con el “destrato” del Poder Ejecutivo.

En 1931, luego del golpe de Estado que terminó con el gobierno de Yrigoyen, Raul Scalabrini Ortiz escribió en El hombre que está solo y espera, dice:  “¡CREER! He allí toda la magia de la vida. Atreverse a erigir en creencia los sentimientos arraigados en cada uno, por mucho que contraríen la rutina de creencias extintas, he allí todo el arte de la vida”.

Resulta sumamente llamativo ver que luego de tantos siglos de filosofía política, ocaso y resurgimientos de algunas religiones y el desarrollo de las ciencias políticas y sociales que ciertos preceptos morales y sociales que pueden ser considerados ampliamente como subjetivos e irracionales continúen teniendo relevancia y sean aún valorables.

En esta elección, contra toda planificación de campaña de la oposición, a un sector bastante extenso del  electorado que acompañó a Cambiemos, no le importó ni la difícil situación económica (leáse tarifas de servicios, aumentos de naftas, inflación y endeudamiento externo del país) ni los cuestionamientos sobre corrupción que pesan sobre el presidente, su familia y sus amigos (Panamá Pepers, Correo y Angelo Calcaterra), ni la muerte de Maldonado luego de una represión ilegal a los mapuches, ni el cierre de canales y medios opositores, torcieron el voto hacía la oposición. El electorado decidió creer en Macri y Vidal.

Sin embargo, hay algo que todavía atormenta al oficialismo. Aún falta inflar algunos globos para que la fiesta y el bailecito estén completos: Cristina sigue beligerante.

Con Vidal subida a la palestra electoral haciendo de ventrílocuo de Esteban Bullrich, y permanentemente amenazada de ser encarcelada por el juez Bonadio, quedó a solo cuatro puntos por debajo, consolidando un espacio político propio y consiguiendo una banca en el Senado que tiene más forma de trampolín electoral que de sedentario sillón. Por eso, en esta primavera y fin de año, no hay mucho para festejar ni tanto para llorar.

Vaya desde aquí nuestro respeto a la familia Maldonado y a la causa que defendía Santiago. Al mismo tiempo que esperamos justicia, y reclamamos también, por la reapertura de espacios críticos y trabajo para el periodismo opositor.

 

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