Opinión

“Políticas de Estado”, en las PASO 2017: Entre el chancho importado y el gorila porteño.

Por Juan José Olivera. Lic. en Ciencias Políticas. Docente de la UBA.

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Habitualmente escuchamos a los políticos de todas las calañas hablar de que “en la Argentina se necesitan políticas de Estado”. Generalmente cuando reclaman esa medida ponen cara de serios y circunspectos lanzan la frase como si dijeran una gran verdad o alguna cita bíblica. Fernando Iglesias, ex ARI hoy Cambiemos, es un gran productor de este género, lo que Arturo Jauretche denominó como “Zonceras Argentinas”. Otra más reciente es “necesitamos un pacto de la Moncloa”, (este lo dejaremos para próximas entregas).

Como recién salimos de las PASO, creo que destrabar esto de las “Políticas de Estado” nos va a ayudar a comprender algunas cosas que escapan las campañas electorales y obviamente a la maraña informativa de los medios.

Resulta una herramienta invalorable ver el mapa interactivo que publicó el politólogo Andy Tow, en Página/12 del 16 de agosto, donde muestra los resultados electorales por circuitos y por municipios, y luego ver el mapa electoral nacional. Qué provincia y municipios ganó quién. Así podemos ver claramente como en la Capital Federal arrasó Lilita Carrió, seguido por un eterno segundo Daniel Filmus. Acá la novedad, fue que la ex dirigente del ARI, hoy Cambiemos, relegó a Martín Loustou a un lejano tercer puesto al cerrarle las puertas de las PASO dentro del partido que hasta ayer nomás lo llevó a ser embajador de Estados Unidos. Hasta ahí nada nuevo en la Republica unitaria del globo amarillo o como llama a Buenos Aires el enorme David Viñas, “la Ciudad Oligárquica”.

La Provincia de Buenos Aires, profunda, popular extensísima mostró esta falta de políticas de Estado y que también puede incluirse en lo que Clarín y La Nación impusieron con el nombre de “la grieta”. Las dos cosas forman parte del país en disputa, del conflicto real e histórico del drama Nacional.

Primero hay que describir un poco el panorama. El gobierno y mucho del electorado de Cambiemos, pensaron que con las idas y venidas a Comodoro Py, las campañas sin descanso sobre la corrupción kirchnerista y la declaración unilateral del cambio de época que le decretaron los medios concentrados de comunicación, a Cristina le resultaría muy difícil ganar con amplio margen la provincia. Aunque las encuestan no dejaron de darla ganadora a Cristina nunca, los cráneos electorales de Cambiemos se guardaban el ancho de espada de María Eugenia Vidal, que con un alto nivel de aceptación y pose de María Magdalena que sufre y sonríe indulgente al mismo tiempo, iban a acortar el margen que mostraban los números.

No se equivocaron. Cambiemos logró empardarle la elección a CFK, pero lo que podría haber pasado como una gran elección se convirtió en vergonzoso escándalo. Con el horario central televisivo y sin que se hayan abierto las urnas de los circuitos más poblados, se vieron ganadores y salieron a festejar entre globos y bailecito. Luego, cuando los votos del conurbano comenzaron a castigar con fuerza decidieron parar el conteo, que recién el miércoles pasado, ¡17 días después! en el recuento definitivo, el gobierno reconoció como ganadora a Cristina, pero sin aun publicarlo en la página oficial de Elecciones Legislativas 2017 (resultados.gob.ar), que tiene la última actualización de datos a las 06:55 del 14 de agosto. Una verdadera vergüenza.

En estas circunstancias CFK ganó, por un escaso margen, pero que a la luz de los acontecimientos sucedidos, todos los molinos de vientos que se le interpusieron, el triunfo se reviste de una épica quijotesca que la fortalece y la convierte en la principal referente del peronismo bonaerense. Una beligerante pieza infaltable para componer el próximo armado electoral del peronismo que suma una gran porción de gobernadores y los intendentes de los municipios más poblados de la Nación. Nada mal para una señora con síndrome de hubris, como dijera Nelson Castro, y por la cual sufren de solo verla libre mucha gente, que antes que escucharla, prefieren cerrar la puerta y odiarla en silencio o a los gritos.

Volviendo al mapa electoral, se ve claramente como en el Gran Buenos Aires urbano ganó claramente Unidad Ciudadana, haciendo una buena elección incluso en Partidos gobernados por el oficialismo, como es el caso de Quilmes, y donde Cambiemos logró retener pero con una diferencia mínima como Morón, Ituzaingó, San Miguel, San Fernando y San Martín. Allí caló profundo el discurso y las ideas de los armadores de la campaña de CFK de mostrar las consecuencias del ajuste, el alto costo de las tarifas de servicios, los alimentos, el transporte, los alquileres y de la complicada situación económica que castiga a todo el sector del trabajo industrial castigado por la oleada de importaciones.

El resto de la provincia es un baldazo de pintura amarilla, sacando dos o tres Partidos, el resto es todo Cambiemos. Aunque la Provincia esté inundada y el consumo baje, los lecheros se van reconvirtiendo en carniceros, lamentablemente, porque a la larga al haber menos terneros habrá menos novillos generando un cuello de botella.

Por otro lado, los que en un momento dudaron cuando la soja bajó, ya volvieron a la carga a sembrar acompañados de un repunte del precio y porque el dólar Cambiemos resulta más competitivo. Este es otro chupetín que generará hambre mañana, porque se venden dólares mientras nos endeudamos externamente y luego se sale a frenar el alza con reservas. Pero, el globo se sigue inflando y eso en el campo y en los pueblos trae en lo inmediato resultados contantes y sonantes, al taca-taca, como dicen cuando les gusta pavonearse a algunos endulzados productores y consignatarios.

Otra de las razones del amarillismo por el que está pasando la Provincia, además obviamente que la gestión de Scioli no fue muy provechosa para la gente del campo, siempre muy pragmática a la hora de evaluar una gestión gubernamental Se fijan más en los kilómetros de asfalto de las rutas por donde saldrán las vacas y los granos que en el color de la camiseta, es que los radicales históricamente fuertes en la provincia cambiaron rápidamente la boina blanca por el bailecito y los globos. Acostumbrados al mundo de las internas partidarias, vivieron con naturalidad el cambio de camiseta, como parte de una nueva jugada electoral de la UCR. Como en el peronismo, la diáspora es también visible, hay radicales como Moreau y Santoro con Cristina, una lista enorme con Macri, con Massa está Stolbizer quien le aportó un sesgo progresista y lo desperonizó un poco también, tal vez eso que el ex intendente de Tigre pensó que le ayudaría a sacarle votos a Cambiemos le jugó al revés y se le fueron votos y dirigentes con Vidal. Incluso no es descabellado pensar que en un futuro no muy lejano Vidal, Massa, y en menor medida Randazzo, jueguen en un mismo equipo pero ya no con la camiseta amarilla sino con alguna nueva.

Veremos como sigue la gestión de Macri y si logra captar adhesión más allá del amor que le profesa Duran Barba y Mirtha Legrand cuando ve que CFK se adelanta en las encuestas.

Entonces volviendo al tema que abrimos al principio, vemos que hay dos provincias. Podríamos agrandar el lio, decir que hay dos países también, que si de “grieta” se habla, esta ya había comenzado en tiempos de Unitarios y Federales que discutían por algo más importante que de qué color usaban los lazos de los sobreros, y era por la subsistencia de las economías regionales frente a las ganancias que dejaban los impuestos de la aduana por el ingreso de las mercancías importadas al puerto de Buenos aires. Desde ahí tenemos la grieta que se cierra y abre con cada gobierno.

Pero mejor recortemos un poco, sabido es que el que mucho abarca poco aprieta. Tenemos una Provincia con una enorme concentración poblacional urbana con fuerte presencia del trabajo fabril industrial y una zona rural enorme con poca densidad poblacional. Lo que está en una, no está en la otra. ¿Una grieta separa estas dos partes de una misma provincia?

No necesariamente, se complementan, se deberían complementar. Es cierto que la industria Nacional es mercado internista, sustituye importaciones a valores caros a nivel internacional de los productos, pero brinda trabajo a miles de argentinos, nos da solidez como nación alejando vulnerabilidades del mercado internacional al hacer al país menos dependiente, la crisis internacional del 2008 sin un mercado interno como el que se logró reactivar post caída del 1 a 1, no hubiera pasado tan inadvertido como pareció. El campo aporta una gran parte de las divisas provenientes de las exportaciones, aporta tecnología de punta y genera un movimiento de capitales a nivel país que convierten a la actividad en el centro histórico, económico y político de toda discusión Nacional. Sin embargo, sin la participación del Estado el sector agro-ganadero no se hubiera sostenido en periodos históricos de caída, y sin la intervención que lo regule, tendríamos una economía de enclave exportadora de materias primas a granel con poco valor agregado y con solo un pequeño sector enriquecido por las exportaciones.

Estas dos visiones que están contrapuestas aquí tal vez un poco sintetizadas, es el nudo no solo de la lucha de clases en Argentina sino también su drama simbólico de toda representación Nacional.

El campo siente ser la Nación encarnada, cuando en realidad los grandes ganadores de ese sector viven en la Ciudad de Buenos Aires y  están más pendientes de lo que pasa en Estados Unidos y Europa (por lo menos en esos Mercados de Valores), que de la realidad de cualquier pueblo de la provincia, aunque cada tanto donen una ambulancia para descargar culpas y quedar bien con los vecinos.

Es cierto que la copa del campo derrama en los pueblos, pero cuando eso pasa, los grandes poseedores de la tierra, acopiadores e intermediarios, ya se tomaron varias botellas en otros restaurantes de afuera. Algo parecido pasa también con las grandes industrias nacionales transnacionalizadas  que se benefician de rebajas en los impuestos y endeudamiento externo que ha sido absorbido por el Estado, Cavallo en los 80 y Macri con el Correo, pero están las Pequeñas y Medianas Industrias (PyMes) que dan trabajo y dinamizan la economía del consumo popular. Sin ellas, ya sabemos que el país resulta inviable, no porque los grandes detentores del capital y líderes de la producción agraria e industrial dejen de ganar, sino porque se hace imposible mantener el sistema económico y político, democracia y capitalismo, un difícil y delicado equilibrio. Diciembre de 2001 debería ser una lección no solo para la clase política sino también para los empresarios, que siempre se esconden tras bambalinas y gozan de impunidad social pasando inadvertidos.

Entonces, una “Política de Estado” necesaria, real, seria y verdadera, como las dos que hoy tenemos: el consenso de resolver los conflictos políticos dentro de la democracia y el reclamo de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Sándwich, Geogias del Sur y el Territorio Antártico Argentino, sería tener una política industrial y de desarrollo protegida constitucionalmente por el Estado para que sea viable. Sin duda la búsqueda del desarrollo nacional, autónomo, regional y continental, combinando las fortalezas de los recursos naturales y agro-ganaderos con la industria, buscando descentralizar los centros urbanos industriales, acercándolos a la producción rural e iniciar una democratización en la posesión de la tierra representan a la luz de la experiencia la razón de existencia misma de la Nación de cara a este siglo XXI. Claro que para que esto suceda es necesario decirle no a los intermediarios rurales y urbanos, a los supermercadistas, a los importadores de cosas que nosotros hacemos como cerdo de Estados Unidos, gas de Chile, mermelada de Bélgica, telas de China etc. etc. Si eso sucede algún día, veríamos que la grieta comenzaría a cerrase, o por lo menos, no abría tanta desigualdad social, que es lo que realmente importa. Solo basta con ver el mapa de nuestra Provincia y hacerse las preguntas correctas. Aquí solo ensayamos algunas respuestas, otras esperan por usted.

 

Enchastrados bajo las babas del perro de Pavlov. Avatares y desencuentros entre los encuestadores electorales y los electores.

La realización virtuosa de la Sociología como disciplina de sus padres fundadores lejos estaba de terminar siendo solo una forma de recaudar datos como son las encuestas y sus representantes del marketing político audiovisual. Pensada como la ciencia que iba a servir para buscar la forma de hacer mejores las sociedades y tratar sus problemas, en su estado actual la disciplina se ve definida solo por una de sus herramientas. Como si el fin del carpintero seria andar dando martillazos por todos lados.

El método de las “encuestas” se da a conocer a finales de los 50 y 60 como “conductismo”. Los científicos sociales europeos que escapaban de la Alemania nazi se afincaban en las universidades nortamericanas y tomaban las experiencias del científico Iván Pavlov (1849-1936) que había descubierto que los perros reaccionaban segregando saliva ante la oferta de comida y emitiendo una señal sonora, luego con la sola llamada sonora el animal actuaba como si la comida estuviera. Eso en la psicología se denominó como la teoría del “reflejo condicionado”. Pero para esos científicos que desarrollaron los departamentos de estudios sociales de las universidades yankis que buscaban un método científico con cierto control lógico que pudiera anticipar las tendencias irracionales y subjetivas que habían llevado al totalitarismo alemán. El nuevo método daba un marco de confiabilidad porque unía el estudio social con un método científico positivista de lógica causa-efecto heredado de las ciencias naturales, transformándolo en estimulo-respuesta, que permitía tener fotos y descripciones de la acción social sin tomar en cuenta análisis filosóficos, históricos, normativos o económicos. Los individuos “reaccionaban” a estímulos políticos y a cambios en su vida cotidiana.

Proyectado desde los institutos de estudios políticos de las universidades yanquis a todo el mundo, el método conductista se convirtió en “él” método de las Ciencias Política. Así una herramienta pensada para evitar el surgimiento de políticos irracionales de derecha se difundió para todo lo tipo de fines, desde qué partido ganaría las próximas elecciones presidenciales, hasta qué etiqueta de bebida gaseosa resultaba más llamativa. Claro está que esta columna no es una revista de divulgación científica, pero vine bien repasar de donde vienen estas cosas. Los maestros en metodología dejaban abierto un margen de error, generalmente cercano al 4 y 5 por ciento de la muestra, porque si no el método dejaba de ser científico y se convertiría en mera adivinación, y lo que trataban de demostrar los conductistas era el alto grado de posibilidades y tendencia comprobables en la realidad.

Sin embargo, desde hace algún tiempo, tal vez con la necesidad de buscar la máxima velocidad y exactitud de respuesta que se instaló a partir de la masificación de las tecnologías de la computación, el internet y la robótica, escuchamos decir de desinformados comunicadores que “desde hace tiempo las encuestas fallan”. Se citan ejemplos donde todos los encuestadores del mundo son ridiculizados porque no pueden prever finales electorales dirimidos por mucho menos de cinco puntos. Estos opinólogos, más preocupados por la lógica del exitismo cual adivinadores del futuro, pierden de vista los contextos sobre los cuales se disputan las competencias electorales. Muchas razones acuden a la hora de buscar las razones por las cuales las encuestas supuestamente yerran. Podríamos citar algunas: 1) Los candidatos son “dibujados” por diseñadores de campaña y esas imágenes cada vez se parecen más entre sí porque responden a modelos de preferencias mayoritarias de mercado. 2) Los discursos desideologizados y sensibleros ocupan el centro de las exposiciones argumentales. 3) Todo el mundo hace mediciones y evalúan reacciones al minuto, por lo tanto se arman escenarios y operaciones constantemente que en minutos pueden hacer variar las decisiones de una parte importante del electorado, sobre todo los llamados “indecisos”. Aunque ciertamente, a partir de estos cambios en la forma de encarar las campañas electorales gran parte de los electores están en la misma situación de indecisión y son permeables a cambiar el voto a último momento.

Entonces, finalmente no es que los encuestadores “fallen” sino que tal vez le pedimos demasiado a un método, discutible por cierto como cualquier otro, y también deberíamos pensar que como el éxito finalmente estará en la manipulación de los electores, vuelven a ser relevantes paradójicamente los argumentos “duros” ideológicos, económicos e históricos, porque aseguran el capital propio e intransferible de votos.

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